Vivir en Japón

¿Y tú porqué te quieres ir a vivir a Japón? Me preguntaba ayer insistentemente un buen amigo mientras tomábamos un café y nos poníamos al día el uno al otro de nuestros achaques, preocupaciones, ocupaciones y logros de los últimos meses.

¡Con lo bien que se vive en España! o por lo menos se vivía hasta que una panda de derechosos opulentos habedores de poder y deseosos de más poder todavía, empezaron a estirar la gomita de la economía a ver cuanto aguantaba, hasta que se ha roto abofeteando en la cara a todo aquel que estaba más cerca.

Mi primer viaje a Japón fue una tímida toma de contacto y como si de una proyección astral se hubiera tratado, tras ese primer contacto, una parte de mi cuerpo sutil se quedó allí.

Este verano hice mi tercera incursión en el país nipón y la conclusión es que cada vez me gusta más y me siento más a gusto allí, a pesar del calor agobiante con ese altísimo índice de humedad que hace que estés sudando desde el punto de la mañana hasta la noche. Es como esa intuición de sentir que estás donde tienes que estar, que es ahí donde encajas perfectamente… como esa atracción que siento hacia algunas catedrales góticas.

La vuelta a España es cada vez más traumática, el ruido, la suciedad – colillas, papeles por el suelo y ese pegajoso estampado de chicles escupidos. Lo peor de todo es el olor del tabaco. Esa impotencia de ver lo mal que funcionan las cosas, sin posibilidad de solución, esa estupidez colectiva.

¿En qué cabeza con dos dedos de frente cabe que a los asistentes a un curso, todos adultos y en teoría con sentido común haya que recordarles que cierren los grifos o apaguen las luces cuando salgan del servicio? ¿Qué clase de sociedad alienigena dedica sesudos estudios al ahorro de costes en una empresa y llega a la brillante conclusión de que los más eficiente es imprimir informes por las dos caras en vez de por una sola cara, siendo el no va más de la osadía imprimirlos a blanco y negro cuando el contenido es sólo texto?

Puede que en Japón no fomenten precisamente la creatividad de los niños porque les llamen la atención si les piden que dibujen un árbol y éste no tenga el tronco marrón y las hojas verdes,  puede que tengan uno de los índices de suicidios más altos del mundo pero son educados, organizados, íntegros, puedes ir al aseo en una cafetería y dejarte el bolso en la silla tranquilamente, sabiendo que nadie lo va a tocar, puedes dejar la bolsa de la compra en la cesta de la bici aparcada en la calle, sin encadenarla a ningún sitio, para entrar a otra tienda a comprar y cuando vuelvas, sabes que no te faltará ninguna cosa, les gusta hacer bien las cosas, de hecho son perfeccionistas hasta la exasperación y no se derrumban ni ante una catástrofe nuclear.
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