Memorias de una inadaptada: entorno VUCA

Hoy he comenzado un curso sobre el cual, lo primero que he leído es que vivimos en un entorno VUCA y hay que saber adaptarse a él.

Al parecer, esto del VUCA es un “invento” militar  y seguro que hay por ahí algún gurú iluminado que se está haciendo de oro vendiendo libros que hablan sobre el tema.

El acrónimo VUCA se corresponde a las siglas inglesas de Volatility (volatilidad), Uncertainty (incertidumbre), Complexity (complejidad) y Ambiguity (ambigüedad).

¿En serio tenemos que aceptar y adaptarnos a entornos cuya volatilidad es en parte consecuencia de la especulación y de no saber valorar las cosas?

¡Qué bonito eufemismo el de la incertidumbre, como forma de resignación ante la precariedad y la inestabilidad!

¿No es el único tipo de ambigüedad aceptable la sexual o la artística y/o literaria?

De verdad, a estas alturas lo que menos me apetece es complicarme la vida, así que voy a optar por bajar a la terraza al lado de casa a tomarme una cervecita bien fresca, dejando a modo de sabia frase, como esas que corren por las redes y son falsamente atribuidas a Gandhi o a Paulo Coelho porque así parece que tienen más empaque, esto:

mepillasen

 

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Protegido: La cocina japonesa

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Moverse en autobús en Japón

En Japón existen varias compañías de transporte, de tren, metro y autobús. En todos los casos existen bonos sencillos o combinados, para 1 o varios días o con los que se puede jugar entre distintos medios de transporte de la misma compañía o incluso que incluyen acceso a jardines, museos y otros lugares de interés.

 
En las oficinas de turismo informan sobre las diferentes opciones de cada localidad en concreto y dan información en papel, con horarios, tarifas y otros datos de interés.

Cada región del país, aquí llamadas prefecturas, tiene su particularidad pero hay una serie de puntos comunes y en esta entrada, se explica, hasta donde conozco, el uso de bus de cercanías o local en la prefectura de Kyoto.
Normalmente en la misma parada del bus hay cartel informativo del punto de destino, sobre todo si es algún sitio de interés para turistas. Tienen el detalle de poner la información relevante en inglés.

Es una de esas “ventajas” de viajar por Japón: cuando quieren que un “forano”(*) se entere de algo, lo señalizan bien claro.
El importe de cada recorrido va en función de la distancia y se paga al llegar al destino.

Al subir (por cierto, se sube por la parte media del autobús y se baja hacia delante), en algunos autobuses, se recoge un papelito con un número, que sirve como referencia para lo que llaman “fare adjustment”: el ajuste de tarifa consiste en pagar un suplemento en caso de hacer un desplazamiento no incluido en alguno de lo bonos antes mencionados.

En la parte delantera del autobús hay un panel que va indicando cada importe, parada por parada.

Muy importante, llevar las “perricas”(**) justas, para no entorpecer. Si no es así, donde está el conductor, hay una maquina en la que se puede recoger cambios. Sólo puede usarse un billete de 1.000 yen. Se puede cambiar el dinero entre parada y parada y así antes de bajar, tener el dinero exacto preparado.
Lo deseable es no molestar al conductor, pero también es cierto que con suma paciencia y amabilidad, hay quien se encarga de indicar y ayudar en cada paso.
En cualquier caso, siempre está la opción de “donde fueres, haz lo que vieres” o preguntar… lo normal es que te intenten ayudar amablemente o pasen de ti, eso sí, amablemente también.
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* forano = término acuñado por la ilustre escuela de lengua oregonesa/aragonesa del programa Oregón Televisión, que significa foráneo, de fuera

** perricas = dinero

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Hiroshima

Ya había pasado anteriormente por Hiroshima, de camino a Miyajima, pero hasta este año no me sentía capaz de visitarla. Al igual que aún no he podido ver la película de ‘La Pasión de Cristo’ de Mel Gibson, necesitaba mentalizarme para visitar este lugar y es que paseando por el Parque de la Paz, es inevitable que en algún momento se haga un silencio inquietante, al pensar en la atrocidad que allí sucedió.

Hiroshima (広島), se encuentra en la región de Chugoku y es tristemente conocida por ser la ciudad dónde cayó la primera bomba atómica el 6 de agosto de 1945.

El Parque Conmemorativo de la Paz (平和記念公園, Heiwa Kinen Kōen), actualmente uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad, era el centro financiero y político de la ciudad antes de la caída de la bomba atómica.

Dentro del parque hay varios puntos de interés:

La Cúpula de la Bomba Atómica o Genbaku Dōmu, única construcción que quedó en pie. Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en diciembre de 1996. Sus ruinas apuntaladas, iluminadas al caer la noche, permanecen como un eterno recordatorio de la tragedia.

Cúpula de la bomba

El Museo Conmemorativo de la Paz narra lo ocurrido antes, durante y después de la bomba. Me temo que no fui capaz de entrar…

El Cenotafio para las víctimas de la bomba atómica, que contiene los nombres de todos los muertos debidos a la bomba atómica. La estructura tiene forma de arco a modo de refugio para las almas de las víctimas. Cada 6 de Agosto se realiza aquí una emotiva ceremonia a las 8:15h de la mañana, hora exacta en que cayó la bomba.

Parque de la Paz, Hiroshima

La Llama de la Paz, encendida en 1964, no se apagará hasta que no desparezcan todas las armas nucleares de la Tierra.

En el Monumento a la Paz de los Niños es típico hacer alguna grulla de papel en su honor. La costumbre viene de la historia en recuerdo a Sadako Sasaki: cuenta una leyenda que quien hace 1000 grullas de papel, puede pedir un deseo. Cuando Sadako enfermó de leucemia (una de las muchas secuelas de la bomba atómica), quiso intentarlo, pero murió antes de lograrlo. Sus compañeros de clase acabaron el resto.

La Sala Nacional Conmemorativa de la Paz. En ella se muestra un reloj de gran tamaño parado en las 8:15h (hora en que estalló la bomba).

Las Puertas de la Paz, 5 grandes puertas de 5 metros de alto que contienen la palabra “paz” en varios idiomas.

Puertas de la Paz, Hiroshima

La Torre Conmemorativa a los Estudiantes Movilizados, recuerda a todos los jóvenes estudiantes que tuvieron que trabajar en la industria de la guerra y que acabaron muertos.

Fuera del recinto del Parque de la Paz, en el centro de la ciudad, se encuentra el castillo de Hiroshima, conocido comúnmente como ‘la carpa’. Está totalmente reconstruido y en su interior alberga un museo.

Castillo de Hiroshima

También en el centro de Hiroshima, hay dos calles características:

La calle Hon-dori, totalmente peatonal, cubierta a modo de galería comercial y llena de tiendas, restaurantes, bares, karaoke, pachinko, etc. Comienza cerca del Parque de la Paz y corre paralela a la otra calle típica: la calle Aioi-dori, abierta al trafico.

No hay que dejar pasar la ocasión de comer un buen okonomiyaki al estilo de Hiroshima. Eso es fácil, una vez asimilada la costumbre japonesa respecto a los horarios de comida: ¡¡¡no hay horarios!!! y es que uno acaba por comer indistintamente onigiri de arroz para desayunar o un pulpito con la cabeza rellena con un huevo de codorniz para merendar a las 4 de la tarde!

Hiroshimacentro

Llegar en tren

Hiroshima

En la estación de tren hay taquillas y cuestan 400 yenes cada una, donde caben dos mochilas.

ATENCIÓN: Después de poner el dinero y meter las mochilas, NO volver a abrir la taquilla para probar si se abre y cierra correctamente!! La taquilla no se vuelve a cerrar y pide poner dinero otra vez… En la misma zona de las taquillas hay una máquina de cambio.

Por la puerta sur de la Estación de Hiroshima, se sale justo frente a la parada de la línea de tranvía número 6 (también va el número 2) que lleva hasta la Cúpula de la Bomba. Cuesta 150 yenes por persona. El tranvía deja justo enfrente de la cúpula, pero se puede ir perfectamente andando y de hecho, puede dar ocasión para que algún simpático lugareño se te acerque al ver que eres español y aproveche para practicar lo poco que sabe de nuestro idioma.

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Objetos perdidos en Japón

Mucho se habla sobre la educación y la eficiencia de los japoneses. Se ve en la calle, en las tiendas, en los restaurantes… Otra cosa es el concepto que tienen algunas personas de avanzada edad, de que tienen preferencia para todo, incluso para faltar al respeto a cualquier otra persona, por el hecho de haber sobrevivido a la II Guerra Mundial.

Hay quien dice que no hay experiencia mala, si de ella se aprende algo o se sabe sacar algo positivo.

Cuando se hace un viaje tan largo como para ir a Japón, se intenta ir con todo lo más planificado posible para aprovecharlo al máximo, sobre todo, pensando que nunca se sabe cuando vas a poder volver, y eso que yo ya he estado 5 veces.

Pero a veces surgen imprevistos que desbarajustan los planes, como por ejemplo hacer un largo trayecto en tren, y al llegar al destino, darte cuenta de que te has dejado una mochila en el tren del que te has bajado y que acaba de partir.

¡Aaaaaaaarrrrrggggggg!

¡Momento de pánico!
Y entonces, te das cuenta: ¡no pasa nada! Estás en Japón y seguro que la localizan y te la entregan lo antes posible.

Así que vas a la oficina de objetos perdidos, que preferiblemente está en algún rincón perdido de la estación…

Te atienden con una sonrisa y tras una serie de preguntas pertinentes, diligentemente llaman al tren en el que viajabas, el revisor se acerca al asiento indicado, localiza el bulto y en 5 minutos, tienen el objeto en cuestión localizado y a buen recaudo, para que vayas a recogerlo cuando quieras.

Hay que puntualizar que al llevar asiento reservado, la búsqueda es más fácil. Con enseñar el ticket que indica el número del coche y el asiento, no sólo es más fácil que te crean, sino que así no hace falta que el revisor vaya vagón por vagón buscando.

 
Entre tanto has podido perder unas horas y con ello también, das por perdidas las visitas que tuvieras organizadas para esa mañana o tarde, pero no has perdido esos objetos, que tendrán mayor o menor valor, pero sin los cuales el resto del viaje ya no sería lo mismo.

No es una de esas experiencias deseables, pero si que es de esas cosas que afianzan ese concepto que se pueda tener sobre la confianza y tranquilidad con la que puedes viajar por Japón.

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Pagar con tarjeta en Japón

En la coyuntura económica actual, no termino de ver con buenos ojos el uso del euro para los países de la Unión Europea, si bien sí que resulta una ventaja a la hora de viajar, el tener una moneda única. Se ahorra uno tener que cambiar dinero y aguantar estoicamente el robo a mano armada de la comisión que se queda el banco.

Además al viajar es difícil calcular el dinero que pueda hacer falta y hay que tirar del lema “mejor que sobre, que no que falte”, con lo cual se acaba pagando comisión dos veces.

Igualmente, el tema de las tarjetas es peliagudo en ciertos aspectos. Yo, que intento comprar preferiblemente en comercio pequeño, mejor que en grandes cadenas, que ni son locales, ni siquiera del país, también prefiero pagar con dinero antes que con tarjeta, para ahorrarle al establecimiento de turno la comisión que, con usura recaudan los bancos.

Pero he de reconocer que en el extranjero y más en un país en el que no se usa el euro, como es Japón, es muy práctico utilizar tarjeta.

El caso es que hasta en el mercadillo al aire libre de Kobo-san en Kyoto, hay algunos puestos que aceptan el pago con tarjeta de crédito, y sin embargo, se echa de menos que no se pueda hacer lo mismo en algunos establecimientos, tipo cafeterías y kombini.

A saber:

– Kombini, los llamados establecimientos de conveniencia, abundan en Japón casi tanto o más que los propios japoneses. Son grandes cadenas que tienen puntos de venta cada pocos metros, en calles más grandes. No es raro ver en una misma manzana de calles una tienda Lawson, 7-eleven, Family Mart… De ellas, las de 7-eleven sí que aceptan el pago con tarjeta, y de las otras cadenas, algunas que son más grandes, también aceptan tarjeta.

En estos pequeños supermercados, se puede aprovechar para comprar bien barato algo para cenar o desayunar en el hotel.

Una cena comprada en el 7-eleven, al lado del hotel:

 

– También hay una serie de cafeterías que son grandes cadenas y se reparten por lugares cercanos a hoteles o puntos estratégicos para turistas. Están Café Veloce, Tully’s, Doutor, ChocoCro, Excelsior Caffé, etc… Ninguna de ellas aceptan pago con tarjeta, excepto quizás Starbucks, pero habiendo otras opciones más económicas y apetecibles, aún no lo he comprobado.

Estas cafeterías mencionadas, ofrecen para desayunar, hasta una hora determinada, unos “セット” (leído: setto), que por un módico precio incluye bebida (a elegir entre diferentes tipos de café) + bollería o sándwich.

Mi recomendación: si necesitamos chocolate (sí, el chocolate es una necesidad, es más, para mí, es producto de primera necesidad), la bollería del ChocoCro. El café con leche también está bueno, si nos gusta con mucha espuma. Para un buen café helado, en vaso grande tipo palmero, el café latte de Doutor, junto con el sándwich de huevo revuelto, son una buena manera de comenzar una dura jornada de visitas.

 

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Volar a Japón con Emirates

Estas vacaciones es la segunda vez que vuelo con Emirates para ir a Japón. La primera experiencia fue muy buena, en varios sentidos y por eso, lo de repetir con esta compañía.

Los precios de los billetes son muy competitivos – si se miran con suficiente antelación, se pueden encontrar precios muy razonables – y dada la excelente reputación de Emirates, viajar con ellos, da más confianza que viajar con otras compañías, incluso europeas, y no digamos las low-cost que escatiman en toda clase de aspectos, hasta en seguridad…

En viajes muy largos, una ventaja importante es la comodidad de hacer la escala, más o menos, a mitad de trayecto, con lo que el viaje se hace menos pesado.

En el tiempo de espera al hacer el transbordo, el aeropuerto de Dubai es un lugar de lo más entretenido, no sólo por la cantidad de tiendas, cafés y restaurantes, sino también por el movimiento frenético de gente. Y aún así, si uno prefiere descansar, hay zonas más tranquilas y hasta algún pasillo con tumbonas, que son lo suficientemente cómodas como para echar una cabezadita.

 

La comida es excelente y según indican, todos los alimentos son halal. Además hay posibilidad de seleccionar otros tipos de menús, aparte del estándar: vegano, para celíacos, kosher, etc.

Aparte de lo molesto que resulta que haya niños cerca – en realidad, son molestos siempre en sitios cerrados en los que deberían tener la suficiente educación por parte de los padres como para saber comportarse socialmente, véase cines, restaurantes y otros sitios públicos -, una pega que podría poner a viajar con Emirates es el frío. Porque no hay suficiente sitio, pero si lo hubiera, se verían pingüinos paseando a sus anchas por el avión, del frío que hace. Seguro que hay alguna razón que se escapa a mi entendimiento, pero es que el aire acondicionado está tan fuerte, que aún llevando una “rebequica”(*), pañuelo en el cuello y tapada hasta el cuello con la manta de cortesía que ofrecen, se pasa frío.

Con unas cosas y con otras, buenas y no tanto, volar con Emirates tiene un puntazo positivo por la posibilidad de hacer el check-in online o usando la aplicación para móvil, propia de Emirates (supongo que todas o casi todas las compañías aéreas ya ofrecen esa posibilidad). De hecho, hasta es más claro y sencillo hacerlo con la aplicación que a través de la página web.

A la llegada al aeropuerto, mirando el reloj cada pocos minutos, para controlar la hora, por fin localizas el mostrador de la compañía, y uno se encuentra con una fila de cientos de personas esperando para facturar el equipaje. Y de repente, ves como llega alguien, se va hacia otro mostrador en el que no hay nada de cola y pasa rápidamente.

¡La cara de estupor que se le queda a uno!

Pues esa cara se me quedó en mi primer vuelo con Emirates.

Prestando un poco de atención, se ve entonces un cartel que indica que ese mostrador es para los viajeros que han hecho el check-in previamente.

En este segundo viaje con Emirates, aprendida la lección, hemos ido con los deberes bien hechos.

Y así es como, por unos minutos, uno se siente como un VIP, especial (como hace unos años se anunciaba con los caramelos de Werters Original).

 

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rebequica = diminutivo de rebeca, tipo de chaqueta también conocida como cardigan, sin cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por lo general, a la altura de la garganta.

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